De Hemisferio sur
 


Hemisferio sur

(Fragmentos)

Malditas horas y malditos días
llenos de sucio tinte de las buenas costumbres.
Queriendo tocar la parte íntima del día
en un segundo pierdo todo lo que los años
habrían querido guardar para la vejez.
Mala y artera razón, podrido estilo,
juguetito infeliz que chilla como si cantara.
En la rigidez con que me odio
no hay hule que se estire tanto
como la imaginación.

El enorme sur calienta su escasa profundidad
tendido como una amante joven
que ha mentido a sus padres
para venir a la cama del amado,
y el azulísimo azul, más extenso que las palabras,
se eterniza.

Que salga el sol, qué diantre;
que volvamos a sentirnos flores perfumadas,
airecillos calientes
rondando las orejas de las diosas,
riachuelos tibios que les lamen los pies,
que les empujan pececillos voraces en las entrepiernas;
que volvamos a sentirnos por un segundo más
picante miel, empalagoso almíbar
o redomados cabrones que montan peñas
que parirán sabrosos manantiales.

La comunión comienza:
me reparto mi pan,
mi vino rojo del sur;
mis dedos limpios entran a mi boca;
comienzo a engordar como un sapo feliz;
el necio humo nuestro me sahúma.

Un largo, larguísimo grito
como la más baja y perenne nota
de un órgano eléctrico
se instala para siempre
entre el mundo y mi garganta.