De La patria vieja
 

Vagar, vagar
Ninón Sevilla
La persecución
Un ser mítico


Vagar, vagar

 

Poner un pie en la tierra
me llevaría sin duda al fin del mundo;
un pasito tras otro, conectando el alma al alma,
como cuando no podía entrar a la escuela
y me echaba a caminar embelesado.

Me parece sin embargo
que es mía la última hora de esta tarde.
La transparencia inusitada de estos aires
me deja ver los montes
que siempre están allí,
celando la posibilidad de un vuelo más extenso

Cierro un ojo y otro alternativamente
para desconcertar al horizonte.
Fácilmente me perdería en el sueño arreglado de los
    recuerdos.
Sin pretensiones debo aceptar que así es la vida.

Aquí estoy otra vez con mi corazón merodeante
rondando sobre el mercado de esclavas.
Jamás me bastará la vida,
en una sola vez es imposible armar tanta pedacería.

Necesito largar la pierna,
largar la vena,
mover el músculo del porvenir;
nadie sabe de qué cosa es la vida,
ni el zopilote malhecho que me está esperando
ni la culta mariposa que se queda embarrada en el vidrio
parabrisas.

Pero aunque no sé
sé que la vida me ha andado siempre cerca
y que siempre he estado a punto de agarrarle un pie.

 


Ninón Sevilla

 

Querida Ninón Sevilla:
quiero decirte que después de todo no ha sido tan difícil vivir
como me parecía en aquellas tardes de domingo en el cine
         Lux;
claro que mi abuela no me enseñó a quererte
sino todo lo contrario
pero mi educación fue tan tonta que mejor sigo puesto
        en tus trajes de rumba
y en esa especie de turbante que le dio a mi vida, no sé
       por qué, la noción de la soledad.

Tarde o temprano se mueve el corazón por propio impulso
y va a dar derechito a su verdadero amor.
Porque nadie, Ninón, sabía moverse como tú; que lo
        digan mis ojos.
De nada me serviría ahora recordar los nombres de los
        nefastos galanes
que rodeaban las pistas donde tú, en horas y horas de
rodaje, tejiste la tela de araña en donde cayó mi gusto
        para siempre;
ellos qué, ya se deben haber muerto, o secado
y nadie puede seguir cogiendo más allá de la muerte. Ninón.

Ahora que ya todo es fácil
no veo por qué callar los alaridos de mis recuerdos,
yo no volveré a vivir, ni tú tampoco,
de manera que es bueno lo que digo.

Tú eres lo que permanece,
en tus caderas tan movibles está puesta toda la eternidad
    que yo pueda manejar;
y el amor y el desamor a mi abuela,
el amor y el desamor a mi padre y a mi madre,
el amor y el desamor a las mujeres
y el amor y el desamor a mis hijos
han estado marcados por la forma en que tú movías las
    nalgas, Ninón, feliz de ser así,
y ajena por completo a esa marca de agua que imprimías
    en el alma sin chiste de un niño flaquito de la colonia
    San Rafael.

Bebe tus lágrimas

Alejandro

 

 


La persecución

 

1

Te persigo con muy escaso tino;
no soy buen cazador
pues de entre mis propias armas
te escabulles doliente
y me gritas de lejos que te escapas.
Mañana pondré siete veces más trampas
y procuraré que no queden resquicios;
atacaré de frente y con venablo;
si logras evadirte
no dejes de tirar en algún lugar visible
tu pañuelo.

 


Un ser mítico

 

Ya me veo encarnado en un ser mítico cuya gracia fuera ser un ojo ingente, pavoroso, que abarcara de sobra todo lo posible y estuviera entrenado para modificar relaciones: el efecto de la clorofila, azul; el cielo, verde; el mar, morado; las montañas, no más grandes que un señor; la tierra, plana. Y tal vez ni aun así encontraría la calma que contiene el reposado amor que sacuden en las sábanas por la mañana los viejos matrimonios. Tal vez ni aun así. Pero dejemos esto a un lado y volvamos al ojo gigantesco que surge de pronto en el horizonte y lo va mirando todo. ¡Qué estupendo calibre el que cobra así la materia! ¡Qué manera de amar de aquello que llamábamos Dios! Ya todo es posible porque todo es visto, lo más grande y lo más pequeño, lo izquierdo y lo derecho, lo dentro y lo fuera. Y el ojo así de grande y de capaz lo único que no ve es otro ojo, otro tanto semejante a sí, un ojo hembra que rompiera la línea que separa al hombre de su sueño. Pero dejemos esto a un lado y aceptemos que todo es porque sí, porque me veo ya encarnado en un ser mítico cuya gracia fuera...