De Los huesos peregrinos (1986)
Ó tejo, a agua doidejante!
Oído entre dos tumbas

Ó tejo, a agua doidejante!

A Elías Nandino

No sueños, no memorias.
Pido a los dioses, y lo espero,
Tan sólo el gran silencio.
Aires de mi carne, otoño lisboeta,
Aquí he llegado,
Pero cuando abandone ya tu luz,
No extrañaré ya nada de lo tuyo,
Habré distancia, y bien se sabe,
La distancia ya no duele
Menos aún si se la canta.
Oídme, oídme, oídme.
Eso pedía mas nada pido.
En el canto ensordecíme
Y fueme, por descuido,
El canto a mí llegando.
Canté, oh Hados, qué canté.
No fue mi suerte, ni mi fe,
Ni por azar, ni bajo mando
Que mi voz quiso tocar
Esas benditas piedras,
Canto estos cantos de miserias.
No son cantos ni es cantar.
Ahora, ya en paz,
Por mí rogad,
Pronto la muerte espero.
Y del secreto venero
El agua enloquecida,
El agua muerta, el agua viva.


Oído entre dos tumbas

 

                                     Para Adolfo Castañón

                                     Leer en el silencio y las cenizas:
                                     el esplendor entero se nos revelará;
                                     como abrir grandes ventanas a un astro
                                     que no sabíamos que allí estaba.

Enrik Traden
(versión de José Régio)

   

Es causa de infortunio grande
Desear o no desear;
Retener, dejar pasar.
Es causa de infortunio grande
No tener infortunio
O pequeñas tragedias;
Padecer gran infortunio.
Es causa de infortunio grande
Contemplar, participar,
Saberlo o ignorarlo.
Es causa de infortunio grande.

Pero no basta la correspondencia
Ni clámides son pliegues que nos ornan,
La piel que las recibe tal caricia
Aprende y se acomoda:
Así de suave será sabiduría.