De Dádivas

 

Coyote

 

La noche, ese largo sepulcro habitado
de negros agujeros, esconde su engañosa
desnudez y prolonga, feroz, lastimero,
su aullido desolado. Cuando truena el
cielo, en plena huida, su figura
famélica se borra de la sombra: amanece.