Carga larga

 


Después de todo llevamos cosas en la sangre
gotas de un día destrozado
almíbar para santos
ríos siempre ríos
tirados como un suelo rojo
            (como un sueño rojo)
y también un poco de luz
páginas como horizontes
con la garganta abierta
y   por qué no   el cuchillo
el brillo gris del alarido
cuántas caricias del silencio
y desde luego flores como tumbas
y besos como verdaderos labios
alas de carne y humo
balas más agudas
ruedas de víboras en cero
y el niño blando bien peinado
a manos de un otoño anunciado
pasos como huellas
como mariposas dormidas en la arena
llamaradas de gatos dando tumbos
sin corazón y sin habla
pero eso sí: la peste de las palabras
y un peso
un peso de discretas piedras calientes
de larvas abandonando piel tras piel
ánimas ladinas más allá de la sonrisa
y el flujo sordo del tú
del que estás ahí como si cuerpo
sibilante   sofocante   asfixiante
el orden y la orden
do brama la tapa de los sexos
clavos para llagas
y todo un bicho expiatorio
y el túnel en el rayo que no cesa
pero arde y esparce claras cenizas
la barca llena de vírgenes
y claro   claro   el cisne
y su calmo sollozo que madura todo
hasta las semillas
hasta el punto final

y tal vez algo de sangre
                                       secándose


De “Extraña entraña”, en La luz en el vano