Gottfried Benn


Selección, traducción y nota introductoria de José Manuel Recillas



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Nota introductoria
 
 
Donde no caen lágrimas: La poesía de
Gottfried Benn*


Hacia una poética del Yo lírico

Gottfried Benn (1886-1956) elaboraría su teoría del Yo lírico desde muy temprano en su desarrollo como escritor. El Yo lírico será un nuevo tipo de ego autoconsciente y creativo que tiene acceso a energías primordiales, presentes desde siempre en las corrientes de imágenes que caracterizaron las primeras estancias de la psique humana. El papel del Yo lírico sería el de seleccionar de esas profundidades prerracionales del Yo primario las visiones e imágenes de una realidad trascendente, una realidad preilustrada que dominara suprema antes que la emergencia de las ideas de Historia y Progreso interfirieran, destruyendo la unión original entre el hombre y su ambiente. En la teoría de Benn, estas visiones e imágenes son míticas en cuanto que son ficticias, creadas por el artista individual. Para llegar a tales fuentes, el ego personal, la personalidad que pasa por uno en el mundo burgués, debe ser eliminado, y sus barreras y muros protectores deben ser derrumbados para permitir el acceso a las visiones del desencadenado y extrínseco Ser. Este derrumbamiento debía suceder por diversos medios de intoxicación —frecuentemente drogas—, pero más generalmente por estados alucinatorios autoinducidos de manera externa. Todos ellos, empero, eran iniciados por medio de la concentración del lenguaje, y más específicamente por la concentración de una palabra específica, la Südwort de su periodo tardío, por ejemplo.

 

La poesía

La poesía de Gottfried Benn no se explica sino como el fruto de una prolongada maduración intelectual que tuvo como origen el expresionismo en los albores del siglo XX y que atravesaría todas sus crisis intelectuales, políticas, sociales. Desde sus primeros dos poemas, cuan inmaduros y convencionales se quiera considerarlos, es posible detectar elementos que anuncian su evolución posterior; sin embargo, nada autoriza a imponer un elemento teleológico a la lectura e interpretación. En Rauhreif yase halla in nuce la poderosa imagen que utilizará, más de treinta años después, en el asombroso retrato de la avalancha de nieve del espléndido Sils-Maria, uno de los muchos poemas dedicados a Nietzsche, figura fundamental para entender su pensamiento y su poesía.

El cataclismo de su época será reflejado en las páginas de Morgue und andere Gedichte a través de un grupo de breves poemas en los que las imágenes tradicionales de la novia, en Negerbraut, o de una pareja, en Requiem, por ejemplo, son transformadas a través del retrato de un mundo sin sentido y sin valores. Incluso el eco de Nietzsche se puede escuchar desde estos primeros poemas, como en Kreislauf, en el que es posible suponer desde el título una referencia a la teoría del eterno retorno nietzscheano. Morgue dará un infame nombre a su autor, fama que no lo abandonará jamás, ni siquiera después de muerto. En su segundo opúsculo, Söhne, el tema expresionista de la rebelión de los hijos hacia los padres hallará una particular resonancia, en particular en Mutter, reproche de Benn al padre por haberse negado a darle anestésicos a la madre del poeta en su terrible agonía. Pero su primera obra maestra será Der junge Hebbel, en el que expone la naturaleza y especificidad de su propia labor poética en términos de sufrimiento, trabajo, esfuerzo, superación de los obstáculos de origen, y tendencias individuales, así como en términos de trágica soledad y grandeza. Éste será uno de los temas recurrentes de su obra lírica posterior. Si las abiertamente escandalosas imágenes de Morgue und andere Gedichte fueron piedra de escándalo en el Berlín de principios de siglo, en Fleisch, Benn escribirá su más abiertamente provocativo, terrorífico y espantoso poema. A diferencia de Söhne, en Fleisch los poemas se hallan colocados en bloques bien definidos, a través de los cuales intenta transmitir con mayor claridad sus postulados estético-filosóficos. A partir de ese momento, Benn mostrará muy pronto una preocupación sumamente específica por los problemas concernientes a la identidad del individuo, a través del ciclo de novelas-ensayo Gehirne —donde aparece su alter ego, Werf Rönne— y de no pocos de sus poemas iniciales.

Heredero de Nietzsche, Benn hará suya la plataforma ideológica del filósofo del Übermensch, desarrollando a partir de aquella su propia Weltanschauung. El artista que Benn retratará una y otra vez en diversos y magistrales poemas, llevará el estigma del modernismo: desapareciendo toda referencia a Dios, el artista moderno está solo, y el proceso creativo es producción antes que inspiración divina. En Gesänge, otra composición magistral y perfecta, Benn expresará con claridad meridiana los conceptos que en muchos de sus ensayos de la década siguiente plasmaría: la idea del cerebro como un error, la definición del pensamiento como una función bionegativa —la cual en Lebensweg eines intellektualisten se hará más claro, cuando diferencie muy claramente al hombre de cultura del hombre de letras—, la de que la vulnerabilidad del hombre hacia el miedo y el sufrimiento se incrementó con el desarrollo del sistema nervioso, y de que el cerebro se interpone en el camino de la adaptación del hombre hacia su medio ambiente. Esta perspectiva bionegativa será desarrollada posteriormente hasta sus últimas consecuencias, y dará como resultado algunos de los mejores poemas del siglo XX.

Durante su periodo expresionista desarrollará dos tipos de poesía, que Fleisch evidenciará con mayor fuerza: por un lado, los poemas de corte expresionista, escandalosos, y los que evocan su idea del complejo ligúrico, que surge en su temprano poema D-Zug, y que desembocará en su concepto de la Südwort, de su etapa de aislamiento. En O Nacht y Kokain, poemas de corte hímnico monológico, intentará hallar una solución al problema de la ausencia de trascendencia y a la imposibilidad de una relación Yo-Tú; en ellos recurrirá a la experiencia de la ingesta de drogas como crítica a la progresiva cerebración del hombre, y como un desesperado intento por reproducir ese estado primigenio del que el hombre moderno se ha alejado, al parecer irremediablemente.

La etapa expresionista desembocará en una poesía que es deudora de ella aunque formalmente no lo parezca. El tema que comenzará a prevalecer en su poesía de madurez será la transitoriedad —como lo desarrolla su único poema extenso, Das Unaufhörliche,musicalizado por Paul Hindemith en 1931— y la forma en que el arte logra vencerla. Du mußt dir alles geben, también musicalizado por Hindemith en 1930, es considerado una de sus más elevadas creaciones y una absoluta obra maestra de musicalidad y perfección. Durante este periodo, Benn comenzará su acercamiento hacia el nazismo, que derivará en el alejamiento de todos sus amigos, la censura de los nazis al descubrir su pasado expresionista, su aislamiento total por estas dos causas, y la creación de no pocas obras maestras, en donde el tema de la soledad y el sufrimiento parecen obsesivos, y en los que la figura de Cristo, nombrada o aludida de muy diversas formas, recorre no pocos de sus mejores poemas. En Sils-Maria, un poema que retrata a Nietzsche abrazando a un caballo cuando es golpeado por el caballerizo, aparece la noción ya presente antes en Der junge Hebbel, del sufrimiento como precondición del conocimiento así como del arte, por medio del uso de la técnica del pastiche, común al barroco, de reutilizar la imagen de un texto previo. Lo mismo ocurre en Wer allein ist, en donde desde el título se establece la noción de que la soledad es un prerrequisito para el proceso creativo del poeta. En Turin, se retrata a Nietzsche como un modelo para resaltar la separación del mundo de la forma del mundo burgués. En Suchst du la Pasión de Cristo se puede advertir entre líneas, en particular en el último verso. En Einsamer nie se revela su búsqueda por la planificación y el orden. Probablemente su más célebre poema del periodo es el breve Ein Wort, ampliamente discutido y estudiado, en el cual el tema es el de la poesía misma, cuya semejanza con Die Form no puede pasar inadvertida, al tratar éste de la naturaleza imperecedera del poema. En Chopin el tema es el artista y no el arte, un poema que aplica su célebre técnica del montage ydel collage, que será la base de casi toda su producción tardía, como en el autobiográfico 1886, poema conmemorativo de su propio nacimiento, y que incluiría en su autobiografía, Doppelleben. Para el final de sus días, y en medio del más atroz aislamiento, Benn compondrá sus mejores poemas, que reunirá bajo el apacible título de Statische Gedichte, un magistral libro programático, que verá la luz en Suiza primero, por pesar sobre el autor la prohibición del gobierno aliado por su cercanía con los nazis. En éste se halla un poema insólito, Monolog, de una violencia que recuerda, sin lugar a dudas, su origen expresionista y que ocupa un sitio único en la obra de Benn al atacar el barbarismo alemán. Es quizá el único poema del periodo que abandona el orbe del mito y la palabra en estado de trance para abordar un tema de actualidad. Otra obra maestra es Orpheus’ Tod,escrito en memoria de su mujer, fallecida unos días antes de que la guerra viera su fin, y representa, sin duda, uno de sus más impresionantes logros del periodo, y uno de los poemas órficos más elevados de todos los tiempos, y uno de los más estudiados y comentados del siglo XX. Su último poema, Kann keine trauer Sein, escrito en su cama de hospital, aborda el tema de la vejez, la despedida, la muerte y la forma en que el Yo lírico afronta el inminente fin. Aunque algunos críticos consideran no se trata de uno de sus mejores poemas, sin duda es relevante como su testimonio postrero, y porque parece cerrar, en tono menor, toda una existencia dedicada a la actividad creativa y reflexiva, con un guiño de una rara esperanza que parece dirigirse hacia un panteísmo latente.

 

La antología

Aunque ninguna antología puede ofrecer una visión cabal de la complejidad de la obra de Gottfried Benn, la presente busca reflejar algunas de las ideas que dominaron su pensamiento y que nuestro prólogo expone de manera apenas suficiente. Su obra ha sido extensamente estudiada, y sólo las de Goethe y Kafka se le pueden equiparar en atención y vitalidad en lengua alemana. El notable libro de Augustinus P. Dierick evidencia que no ha habido un solo texto de su obra literaria que no haya sido estudiado, comentado y analizado con erudita pasión y profundo cuidado. La actualidad de sus propuestas estéticas fue recientemente señalada por Susan Ray en un libro esclarecedor, y sus relaciones con los problemas que aquejaron a otros poetas, como el caso de Fernando Pessoa, ha sido expuesto en un extensísimo y erudito estudio debido a Martin Steinmetz. El desarrollo de su poética —de ninguna manera estática y unitaria— ha sido estudiado con prolijidad y rigor por Angelika Manyoni, y sus relaciones con el nazismo por Marc William Roche.

De ninguna manera la traducción puede sustituir o acercar a la precisión y maestría de la palabra de este enorme poeta. Estas traducciones, por cuan cuidadosas han sido, apenas dan un pálido reflejo de su belleza incomparable. A lo largo de la última década he dedicado numerosas horas a su lectura, a veces al borde de las lágrimas, y de su consecuente traducción. Desde ese entonces Benn se transformó en mi más entrañable amistad literaria. Me resta agradecer a Christine Hüttinger, distinguida profesora del Goethe Institut Mexiko, quien hace siete años aproximadamente revisó mis primeras traducciones.

Para la selección de los poemas de esta antología me serví de la Gesammelte Werke. Gedichte, editada por Limes Verlag, en Wiesbaden, en su tercera edición de 1966, que reposa tranquilamente en los estantes del Goethe Institut Mexiko. Espero que los lectores hallen igualmente estimulantes estos poemas. Y habrá solamente que advertir que sin el aparato reflexivo sobre el arte, el artista y su función en nuestros días, muchos de estos poemas resultarán inconclusos para su valoración.

 

José Manuel Recillas



* Extracto del ensayo Introducción a la poesía de Gottfried Benn, reproducido de manera fragmentaria en José Manuel Recillas, “Aproximaciones al expresionismo. VIII. Gottfried Benn”, México Volitivo (http://mexicovolitivo.com), México, 2004.

Escarcha
 

Algo de la densa niebla
se reveló y creció
como blanca sombra en la noche
abrazando abetos, árboles y hayas.

Resplandeció como lo suave
blanco que de las nubes cayó
y en silencio liberó en pálida
belleza un oscuro mundo.

 


Novia del negro
 

Entonces, sobre almohadones de oscura sangre
yacía el albo cuello de una rubia.
El sol rabiaba en su cabello
lamiendo los albos muslos
y se arrodillaba ante los oscurecidos pechos,
aún no deformados por partos y pecados.
Un negro junto a ella: la coz de un caballo
le destrozó ojos y frente. Horadaban
dos dedos de su sucio pie izquierdo
el interior de su pequeña oreja blanca.
Pero ella dormía como una novia:
orlando la dicha del primer amor
y aguardando las numerosas ascensiones
de la joven y cálida sangre.
                                          Hasta que
el bisturí en la nívea garganta se hundió
y un púrpura delantal de sangre muerta
las caderas le cubrió.

 


Réquiem

 

En cada mesa dos. Hombres y mujeres
crucificados. Cercanos, desnudos y, sin embargo, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho dividido. Los cuerpos
alumbran por última ocasión.

Cada uno llena tres cazuelas: de cerebro a testículos.
Y el templo de Dios y el establo del Diablo
ahora, pecho a pecho, en el fondo de un tonel,
riendo del Gólgota y del pecado original.

El resto a los féretros. Sólo nuevas criaturas:
pierna de hombre, pechos de niño y cabellos de mujer.
Yo vi, de dos que antaño fornicaban,
yacer allí, como si del seno materno hubieran salido.

 
 

Madre

 

Te llevo como una herida
en mi frente, que no se cierra.
No siempre duele. Y no se derrama
mortalmente el corazón por ella.
Sólo de vez en vez estoy ciego y siento
sangre en la boca.

 
 

El joven Hebbel

 

Talla y modela: el ágil escalpelo
en una delicada y mórbida mano.
Golpeo con la frente el bloque de mármol
para darle forma,
mis manos trabajan en pan.

Ahora estoy muy lejos.
¡Pero quiero devenir en Yo!
Llevo en lo hondo de mi sangre
uno que grita haber creado
cielos divinos y tierras humanas.

Mi madre es una mujer tan pobre
que reirían de sólo verla,
vivimos en un estrecho rincón
al extremo del pueblo.

Mi juventud me es como una costra:
una herida debajo,
que diariamente sangra.
Por eso estoy desfigurado.

Sueño no necesito.
Comida sólo la necesaria para no morir.
Inexorable es la lucha,
y está el mundo lleno de puntas de espadas.
De mi corazón todos hambre tienen.
A todas debo, desarmado,
en mi sangre fundirlas.

 
 

Aquí no hay consuelo

 

Nadie estará a mi lado.
Dejad sus flores sólo marchitar.
Mi camino ondula y va solitario.

Dos manos están en una minúscula copa.
Un corazón es una diminuta colina
para descansar.

Tú, yo sólo vivo en la playa
y bajo la lluvia de flores del mar,
frente a mi corazón está Egipto,
y Asia crepuscula.

Uno de mis brazos siempre está en el fuego.
Mi sangre es cenizas. Siempre suspiro
frente a los pechos y restos
que hacia las islas tirrenas van:

un valle de blancos chopos amanece
un Iliso con prados en la costa
Edén y Adán y una tierra
de nihilismo y de música.

 
 

Carne

 

Cadáveres.
Uno pone la mano al oído:
¿Tiritas? Oh, ¿y la calefacción de mi sección de mesa? ¿Por la merma de grasa y las edades bíblicas?
¡Un cadáver infantil batalla en el rostro!
¡Nudos de gota y desordenados dientes
no expulsados!
¡Si tan sólo uno se quedara en reposo en el hielo!

Surge pleito.
Una embarazada gime. El hombre grita:
¿Es acaso porque el ombligo hasta ahora está al frente?
¿Es porque acaso una vez cocí la herida?
¡Hombre, se aproxima mi sexo!
Cualquiera puede ser.

Todos gritan: ¡Muy, muy bien!
¡Rompe! ¡Muérdelo! ¡Azota a la mujer!
¡Esa obesa chusma! Nueve meses de
ajetreo es un pasatiempo,
como el del hombre mientras desayuna canta.

¿Quién piensa en tan perdidas distancias?
¿Quién se acuerda aún de botella, vaso y ron?
Uno ya estuvo de nuevo en las estrellas,
creció para sí, aburrido de sí mismo.

(bajó a la ventana del sótano y gritó a la calle:)
¡Rompan y corten al lisiado!
¡Oh, fluye y prospera en el vacío!
Pensar: Ítaca: el templo ondea
espantoso mármol de mar en mar.

Pensarnos: esclavizados y humillados,
insignificantes y retorcidos, rastreados hacia Dios:
y ahora: la humildad quebrada:
apesta en torno a la carroña acedia.

Un hombre anda:
¡Tritura el gris de los cielos! ¡Anda hacia el norte! ¡Corrómpete! ¡Corrómpete! ¿Quién sabrá un futuro? No siembres ya en los surcos que conservas.
¡Arruina la semilla! ¡Haz tú mismo los hoyos!
¡Testifica por ti mismo!

¿Quién sabrá un futuro?
El cerebro es un sendero erróneo. La piedra también
    siente al animal.
Es piedra. ¿Pero qué es por fuera una piedra? ¡Palabra
     ¡Lloriqueo!
(Abajo permanece su cerebro)
Escupo en mi centro de pensamiento.

Avanzamos la prostitución de las palabras.
Me asquea el incesto.

¡Tritura el gris de los cielos! ¡Anda hacia el norte! Extingue al sol, cuadricula a la tierra:
tú o ella.

Antaño el mar andaba. Los prados llamaban.
El sueño pendía como piel de marchitada sangre
—las fieras nos tenían por un dios que traicionó—
suturar los párpados, drenar los cráneos,
rasura en torno al cuello... pon un ramo fresco...
piensa en el trasero... Oh, sueño:
multicolor, impetuoso, superficial
retorno a casa a la médula espinal.

(Un hombre lo toca por el hombro)

¡Vamos, hombre, pero cálmese!
Aquí, quítese sus zapatillas
y ahora venga conmigo a
mi alcaravea funeral.

Una voz de niño:
¡Oh, querido, querido enterrador,
aún no en el oscuro féretro!

¡Oh, primero los antiguos hombres! ¡No este reflejo de luz!
Tan totalmente perdido
tan nunca jamás.
Oh, átame los ojos.

Griterío:
Oh, viejos miserables ciudadanos de la morgue,
¡no se apoyen en mi sarcófago!

El pino de Jutet hace uch,
y al menos antes el puro deslizarse como io,
quien tiene una nariz dorada
construida intacta.

Un hombre:
¡Niños, no dejen caer eso!
¡Nos conducimos por el derroche!
¿Quién, por ejemplo,
el cerebro en la cavidad pectoral arrojó?
¿Debo con él respirar?
¿Quizá deba la pequeña circulación pasar?
¡Todo está bien! ¡Así funciona!

Otro:
Bien ¿y yo? ¡Cómo llegué!
¡Como del huevo pelado!
¿Y ahora?
¡Usted, límpieme la mierda del sobaco!
¡Y el apéndice auricular sano no precisa
desde el ano ser visto!
¡Esto parecen hemorroides!

Un suicida:
¡No aúllen, mequetrefes! ¡Gentuza! ¡Plebe!
¡Hombres, velludos y en celo, hembras, cobardes e
    insidiosas,
de vuestras mierderas existencias desaparecidas,
lloriqueo del ganado humano,
asciendo como un águila joven!
Así estoy: desnudo, por una gélida luz estelar
ensombrecidos frente y sangre.

Un niño:
Grito: ¡Espíritu, revélate!
¡El cerebro se pudre igual que el culo!
Ya eructa los intestinos el hermano —
ya pedorrea el primo el escroto — (cae sobre un cadáver)
debo otra vez a este piadoso muerto
la cabeza dilacerar — ¡Quebrar! — ¡Una manchita!
¡¡Una mancha contra la putrefacción hablando!!
¡¡¡La manchita donde Dios se pronuncia!!!

La corona de la creación huye de las púas.
Ya es suave el centro del discurso. El centro del
     pensamiento enlaza
su morral... partida y desintegración...
grita entonces, oh carne, sin risa tu furor al cielo:
este amarillo hedor con que Dios nos piensa;
florece, como esplendor estival y cielo azul,
sombras y patria
ahora arroja doce perros muertos por aquí,
entonces huele a nosotros...

 
 

Tren directo

 

Pardo cual coñac. Pardo como el follaje. Pardo rojo
     Amarillo malayo.
Tren directo Berlín-Trelleborg y playas del Báltico.

Carne, que se va desnuda.
Hasta la boca bronceada por el mar.
Plenitud que se hunde hacia una griega felicidad.
Anhelos de hoz: ¡Cuan largo resulta el verano!
¡Penúltimo día del noveno mes!

Rastrojos y última almendra arden en nosotros.
Desarrollos, la sangre, los cansancios,
la cercanía de las dalias nos confunde.
Broncíneo masculino sobre Broncíneo femenino:

Una mujer es algo para una noche.
¡Y si fue bello, lo será para la siguiente!
¡Oh!, ¡y luego este estar-con-sí-mismo!
¡Estos mutismos! ¡Este ser acosado!

Una mujer es algo con un aroma.
¡Inexpresable! ¡Muere! Reseda.
Y está el sur, pastor y mar.
En cada declive reposa una felicidad.

Broncíneo claro femenino marea a Broncíneo oscuro
   masculino:

¡Detenme, mira que caigo!
Tengo un cansancio en la nuca.
Oh, este dulce, afiebrado,
postrer perfume de los jardines.

 
 

Cantos

 

I

Oh, si nuestros ancestros fuésemos.
Un grumo de moco en una ciénaga tibia.
Vida y muerte, fecundación y parto
saldrán de nuestras linfas mudas.

Una hoja de alga o una colina de dunas,
por el viento moldeada y pesada en la base.
Ya una cabeza de libélula, un ala de gaviota
sería demasiado y mucho sufrir.

II

Desprecian todo los amantes, los burlones,
toda desesperación, nostalgia, y a quien espera.
Somos dioses dolorosamente contaminados
y empero, el pensar nos lleva a Dios a menudo.

La tierna bahía. El oscuro sueño de los bosques.
Las estrellas, flores de nieve enormes y pesadas.
Las panteras saltan calladas entre los árboles.
Todo es orilla. Eterno llama el mar...

 
 

Cocaína

 

Dulcemente y anhelante el derrumbe del Yo
me das: ya está la garganta rasposa,
ya el sonido exterior es un inadvertido
complejo de la estructura de mi Yo.

¡No más espadas por la madre vagina
engendradas para trabajar los acerados
golpes ahí y allá: hundido en el brezo,
donde las colinas apenas revelan las quietas formas!

Una suavidad indiferente, algo pequeña, lisa...
y ahora surge de la respiración un soplo
que del origen viene, crispado, tiembla el cerebro
al sigiloso paso del no-ser.

Yo disperso... ¡oh, ebriedad supurante!
La fiebre sopló lejos... dulce erizarse defensivo...:
afluyes, oh, tú afluyes... dio a luz
el sanguinolento vientre deformado.

 
 

Oh, noche

 

¡Oh, noche! Ya he tomado cocaína
y su curso comienza la dividida sangre,
el pelo encanece, los años se fugan,
yo debo, debo desbordarme
en la euforia antes de disolverme.

¡Oh, noche! No es tanto lo que quiero,
sólo un poco de concentración,
una niebla vesperal, un arrebato
de contracción, de sensación del Yo.

Papilas táctiles, borde de células rojas,
un ir y venir con esos aromas,
lacerado por un diluvio de palabras:
tan hondo en el cerebro y tan angosto en el sueño.

Las piedras vuelan hacia la tierra,
y hacia una penumbra el pez nada,
avieso sólo hacia el hacerse de las cosas
se tambalea el cráneo trastornado.

¡Oh, noche! ¡No es mucho lo que pido!
Un momento solamente, una referencia
del percibir del Yo... desbordarme
en la euforia antes de disolverme.

Oh, noche, concédeme frente y cabello,
fúndete en los marchitos días;
sé quien a partir del mito de la neurosis
me devuelva a la patria del cáliz y la corona.

¡Oh, calla! Siento una ligera sacudida:
me constelo y no hay burla en ello:
visión, yo: mi, solitario dios,
un enorme congregarse en torno a un trueno.

 
 

Tú debes darte todo

 

Dale a tu dicha, a tu muerte,
sueño y antepasados confundidos,
esta hora, su petición
está tan plena de corimbos ebrios,
guadaña y verano
por el campo conducidos,
cántaros y jícaras
dulce y cansadamente se hunden.

Tú debes darte todo,
nada te dan los dioses,
date el leve fluctuar
entre rosas y luz,
a todo el azul del cielo,
date en su hechizo,
escucha los postreros cantos
callando.

Tú que fuiste tanto uno
y lo sombrío has hecho,
ah, ya te llama el puro
callado y cancelado camino,
ah, ya la hora, esa
leve en la luz del telar
que de rocas y asientos
cantando las parcas hilan.

Tú fuiste el gran renunciador,*
el llanto pendía contigo,
y el llanto es agua dura
que sobre rocas cae,
todo se ha cumplido,
llanto e ira no,
todo deslumbra ondeándote
en rosas y luz.

¡Oh, dulce hora. Oh, envejecer!
Ya el blasón regalas:
toro entre porta antorchas
y la antorcha disminuye,
ahora desde costas y riberas,
de un mar de naranjos
hondo de pululantes esfinges
conducen las sombras.

Si todo te has dado tú solo,
date entonces la última dicha,
regresa a los olivares
y a sus columnas,
ah, ya has perdido miembros
y en tu postrer mirada
se elevan los heraldos de este mundo
plenos de rosas y luz.

 
 
 *Cfr. Dante, Inferno III, 60 (N. del T.).

Sils-Maria

 
I

En la tarde las horas corrían,
escuchaba en la luz de la colina
sus coplas:"todas hieren,
la última mata..."

Esto se leyó hasta el final.
Pero el que piensa las horas
—sus olas, sus juegos, su esencia—
es quien las horas conduce:

a un nominador del optimismo
no lo tocan las horas,
este conocedor de sombras
bebe la luz de las Parcas.

II

No era la nieve, sino luces,
lo que de lo alto descendió;
no era la muerte, pero creían
todos la muerte cercana;
era tan blanco, ningún ruego
penetraba aquel ópalo,
descomunal: sufrimiento
sobre este valle se escribió.

 
 

Turín

 

"Camino con las suelas rotas",
escribía ese gran genio mundial
en su última carta... Después lleváronle
a Jena... Psiquiatría.

No se puede ningún libro comprar,
los lee sentado en las bibliotecas...
Apuntes, correr por los fiambres...
esos eran los días de Turín.

Mientras la noble podredumbre de Europa
de Pau, de Bayreuth y de Epson mamaba,
él abrazaba dos caballos de una carroza
hasta que el hostelero a la casa lo arrastró.

 
 

Buscas

 

Buscas los signos de lo antiguo
y arcaico por montes y valles,
mutación de las formas,
principio de las humanas penas,

cambiando los rasgos del sentido,
de la paz sufrida
al final como al inicio
hacia lo irresistible,

ah, sólo en la labor del destructor
ves reavivarse a los signos:
fríos y pálidos rostros
y lo hondo: todo se ha cumplido.*

 
 
*Juan 19, 30.

Solitario como nunca

 

Solitario como nunca en agosto:
plenitud de la hora; por la tierra
los incendios del rojo y el oro,
¿pero dónde está el placer de tus jardines?

Los lagos claros, los cielos tenues,
los campos puros y relucientes,
¿pero dónde están victorias y sus pruebas
del reino al que representas?

Donde todo por dicha se justifica
y se cambian la vista y la promesa
del aroma del vino y de las cosas,
tú oficias la desdicha y al espíritu sirves.

 
 

Quien está solo

 

Quien está solo, también está en el misterio
y siempre se halla en el flujo de las imágenes,
en su creación y su germinación,
incluso las sombras llevan su fervor.

Grávido de cada estrato se halla
el pensamiento colmado y obstruido,
su poder es la aniquilación
de todo humano que se nutre y aparea.

Impasible mira cómo la tierra
otra llega a ser de la que fue,
no más Morir ni Devenir:
inmóvil mírale la perfección.

 
 

Compañeros

 

Hasta que tú te olvidas
—así funciona el Poder—
en el laberinto de los mataderos
te transformas.

Te inunda un sentimiento alterno,
escaso en las antorchas es el fuego,
tientas y los muros
te resultan fríos y ajenos.

Solitario como nunca,
los últimos, los probados
por el tiempo, compañeros
a quienes tú dejaste,

¿por qué y por cuál Poder?
Tú no ves la orilla,
sólo tu dolor
que se reaviva,

y lo que significa esa condena
lo sentiste sólo con los años,
mas antes que tú lo comprendieses
habían callado ya los compañeros.

 
 

Nada hay tan pesado

 

Nada hay tan pesado como el dolor:
muros de piedra, de cristal,
sitios para comer, para soñar,
¿puedes acaso soportarlo?

¿No terminará entonces todo,
y las sombras de rocas, de piedras,
y cerradas las puertas, los muros,
te encierren?

No piensas entonces en todo padecer,
toda fuerza destructiva,
como un vestido de fiesta,
como una noche de antorchas.

Ocaso, pura destrucción,
en las bancas de un jardín
—sofocante concentración—,
ocaso: presentimiento

de cualquier divorcio de fidelidad,
del íntimo Tú
asediándote, y nuevos
tormentos en ti crecen,

Ser sin reposo y sin sueño,
impostergable penuria...:
¿no piensas entonces en el dolor
como en la más alta ley?

 
 

Una palabra

 

Una palabra, una oración: del signo se eleva
la vida perceptible, el súbito sentido,
el sol en lo alto, las esferas callan
y todo se aglomera en torno a ella.

Una palabra: un resplandor, un vuelo, un fuego,
una llamarada, una estrella fugaz,
y nuevamente oscuro, inmenso,
en el vacío espacio entre mundo y yo.

 
 

Versos

 

Si una deidad —inefable y absoluta—
encarnó alguna vez y habló,
fue en versos, cuando infinitamente
la pena de las almas se quebró;
los corazones vagan en la inmensidad
pero la estrofa de boca en boca pasa,
las revueltas de los pueblos vence
y al poder y a los sicarios sobrevive.

También el canto que un linaje menor ha cantado
—hindúes, yaquis, con palabra azteca—
vencido por la codicia del hombre blanco
sobrevive como estrofa silenciosa en la hierba:
"Ven, niño, ven, con siete espigas adornado,
ven con collares y piedras de jade ataviado,
el dios del maíz coloca en el campo, para alimentarnos,
su sonora vara, y tú serás la ofrenda para el sacrificio."

El gran murmullo, arrebatado y sojuzgado,
al espíritu sus travesías ofrece
—insuflar, exhalar, apnea: técnicas respiratorias,
penitencia de hindúes y faquires—,
el gran Yo, el sueño cósmico,
dado a quien en silencio se consagra,
se conserva en salmos y vedas
y burla todo obrar y al tiempo desafía.

Dos mundos confrontados se repelen
y sólo el hombre se derrumba cuando vacila,
no puede sólo del instante vivir
por más que al instante se deba;
el poder se consume entre las heces de su perfidia
mientras un verso construye el sueño de los pueblos
que de su propia abyección lo sustrae,
ah, eternidad de lo sonoro y la palabra.

 
 

Dulce y pequeño rostro

 

Dulce y pequeño rostro
hundido por los años,
pálido y mortal,
vertedor del gran dolor
cuando te hayas ido
pronto...

Ah, cómo jugábamos
ajenos a la evolución,
retrospectiva y perspectiva,
caídos de nuestros bordes,
nada viviendo
aparte del círculo
de nuestras voces.

¡Limitados! Pero una vez
el derribar de los olivos
de los hombres en las ramas,
los montones se fermentan.
Una vez vinos del Golfo de los Leones
en ahumaderos, embellecidos con agua del mar.
O eucaliptos, gigantes, ciento cincuenta y seis metros de
   altura,
y la trémula penumbra de los bosques.
Cotroceni alguna vez...
y nada más.

Pequeño rostro,
copo de nieve,
siempre tan blanco,
y entonces la vena en la sien
y el azul del racimo de jacintos,
la ligúrica fragancia
del almizcle.

 
 

Si algo ligero...

 

Si algo ligero y susurrante te rodea
como el esplendor de las glicinas en este muro,
entonces es la hora de este dolor
en el que no eres rico ni te agotas,

ni como la flor ni como la luz:
llegando en rayos, transformándose,
actuando en torno a formas similares
que entrelazan todo en la única ebriedad,

ese único terciopelo en el que descansa todo,
tan tranquilo e intocado,
trazando las fronteras, suspendiendo el tiempo,
y nada ocurre en ese dolor.

 
 

La forma

 

La forma, el gesto de la forma
que se da, que nos dimos...
eres en verdad tierra
pero la tierra tienes que excavarla.

No cosecharás
cuando esa semilla resurja
en lejanía,
tu imagen a tiempo se borró.

Has dado a los perdidos,
a los chandalas, a los parias, a ti,
al no nacido,
una palabra de fe.

 
 

Monólogo

 

El intestino con moco alimentado y el cerebro con
    mentiras,
¡pueblos elegidos payasos de un bufón,
entre bromas, astrología y las aves en migración
las propias inmundicias interpretan! Esclavos:
de heladas y más calientes tierras
cada vez más esclavos, llenos de bichos,
hambrientas masas con látigos golpeadas:
se infla el ego entonces, la misma piel
de lo sarnoso, ¡como las barbas del profeta!

¡Ah, de Alejandro y Olimpia vástagos
menores! ¡Guiñan al Helesponto
y cabrillean Asia! ¡Hinchados, ampollas
con vanguardia, favoritos, oculta cuadrilla
que nadie atiende! Favoritos: ¡Buenos sitios
para alianzas y juicios! ¡Si nadie atiende!
Favoritos, ufanos, cegados, chusma inmensa,
con amplias cintas aletean el sueño y el mundo:
pies deformes ven los estadios destruidos,
mofetas pisan los campos de lupinos
pues su mismo aroma los confunde:
¡Sólo es una molestia del ano! ¡Grasos,
persiguen a la gacela,
veloz como el viento, la bella bestia!
Aquí se trueca la medida:
el charco escruta el manantial, el gusano la vara,
el sapo salpica a la violeta en la boca
—¡aleluya!— y arrastra el vientre en la grava:
¡El rebaño de Padden como monumento para la historia!
La huella tolemaica como una música de peine
la rata llega como un alivio contra la peste.
El alevoso alaba el crimen. Los soplones extraen
de los salmos inmundicias.

Y esta tierra cecea con la luna,
se enmandila una fiesta de mayo en las caderas,
permite a las rosas pasar y cocina el grano
pero no al Vesubio escupir y tampoco a la nube
volverse lejía que la variedad de bestias,
con astucia, pincha y enceniza.
Ah, ese fértil juego y rosado de la tierra
se sustenta en la abundancia del Mal,
del hongo cerebral y del chorreo mentiroso del gaznate
de la antes mencionada especie que trastoca la medida.

Morir equivale a todo abandonar sin solución
y a las imágenes no fijar, y a los sueños
en la grieta de los mundos dejarlos ayunar,
pero actuar significa a la abyección servir,
al oprobio socorrer y a la soledad,
la gran solución de las visiones,
cuyos deseos ocultos insidiosos caen
por ganancias, beneficios, ascensos y fama póstuma
mientras el fin —vacilante como una mariposa
e indiferente como una granada— se acerca
y otro sentido anuncia.

Un sonido, un arco, casi una hendidura en el azul
pendió una tarde en el parque,
donde estaba yo: una canción,
un bosquejo apenas, tres notas esbozadas,
y tan lleno el espacio y cargada
la noche y el jardín de apariciones,
y creó el mundo y me reposó la nuca
en la torrencial, dolorosa,
sublime debilidad del nacimiento del Ser:
un sonido, un arco apenas: nacimiento del Ser;
un arco apenas y volvió la medida a su lugar
y todo queda incluido: la acción, los sueños...

De una corona de cerebros escarlatas,
las esparcidas flores de erráticas semillas febriles,
sólo ellos se sostienen mutuamente uno al otro:
"inflexible en el color" y “arrancado
hasta el último cabello”, "limado en frío"
se gritan, salmuera de materia prima;
¡Aquí sale la transformación! La diversidad de fieras
se pudrirá, pues para ellas la palabra putrefacción
a demasiado cielo huele: ¡se extienden
ya los buitres, los halcones ayunan ya!

 
 

Poesía estática

 

Ajeno a la evolución
es la profundidad del sabio,
los hijos y los nietos
no lo inquietan
ni lo apremian.

Defender opiniones,
actuar,
arribar y partir
son las señales de un mundo
que no ve claramente.
Ante mi ventana,
dice el sabio,
se extiende un valle
en el que se concentran las sombras
y dos álamos enmarcan la senda,
tú sabes... hacia dónde.

Perspectivismo
es otro vocablo para su estática:
trazar líneas,
continuarlas
según la ley de arabesco
-refulge el enramado-,
también las multitudes, los cuervos,
lanzados al rojo invernal del alba,

y después dejarlos caer...

tú sabes... para quién.

 
 

Entonces...

 

Si un rostro que alguna vez de joven viste
y cuya gloria y lágrimas besaste
se inclinó hacia el primer estadio de la vejez,
el anterior encanto viviendo lo perdió.

El arco de un tiempo que cada flecha lanzó,
con plumas púrpuras yacía la caña en el azul
y el címbalo también, que cada canto tocó:
"Resplandeciente cáliz", "Prados al atardecer"

Al primer aliento ya se alía un segundo
y en su frente, ¡ay!, vela ya
la solitaria, la hora final:
en todo el amado rostro, entonces, la noche.

 
 

Muerte de Orfeo

 

Cómo me dejas, amada,
del Erebo expulsado
en ese inhóspito Rodopi
que se aproxima al bosque,
a las bayas bicolores,
a los frutos maduros,
creando follaje
tocando la lira
con el dedo en la cuerda.

¡Tres años ya entre la tormenta del norte!
Es dulce pensar en la muerte,
tan lejana,
se oye la clara voz,
se sienten los besos,
los efímeros y los profundos también,
¡pero tú vagarás entre las sombras!

Cómo me dejas,
por las ninfas de los ríos acosados,
llamado por las bellas de las peñas,
arrullado: "en el bosque desierto
sólo faunos y sátiros, mas tú,
poeta, inauguras
la luz de bronce y un cielo de golondrinas...
desaparece el canto...
¡Olvidar!"

¡Amenazan...!

Y una extraña mirada fija.
Y una grande, manchada, jaspeada,
de piel multicolor ("amapola amarilla")
seduce con humildad y alusiones de castidad,
con lujuria... (¡púrpura
en la copa del amor...!) ¡En balde!

¡Amenazan...!

No, tú no pasarás,
tú no cambiarás
en Yole, Dríope, Procne;
tus rasgos no se mezclarán con Atalanta,
si me es posible, con Laíada,
llamar a Eurídice...

Pero... ¡amenazan...!

y aquí las piedras
no siguen ya a la voz,
al poeta,
el follaje en las hojas crece,
la azada espiga en silencio
desnuda...

ahora indefenso para la carnada de las perras,
para la disolución...
ahora ya la pestaña húmeda,
el paladar sangra...
y aquí la lira...
bajo el río...

y las riberas cantan...

 
 

1886

 

La Pascua terminó tarde,
en el Elba florecían ya los saúcos,
pero al inicio de diciembre una increíble nevada
todo el tráfico ferroviario
en el norte y el centro de Alemania
por semanas ante ella sucumbió.

Paul Heyse publica una tragedia en un acto:
es la tarde nupcial, la joven descubre
que su esposo alguna vez a su madre amó,
todos muertos hace mucho. Como sea,
de la tía que la hacía de madre
recibe una ampolleta de morfina:
"No desperdiciar el dulce remedio".
Cae atrás, busca aferrarle la mano,
la mano deTheodor (sombrío, grita):
"¡Lydia! ¡Mujer! ¡Dame té!"
Título: "Entre los labios y el cáliz".

Inglaterra conquista Mandalay,
abre el amplio valle del Irawaddi al comercio mundial. Madagascar anexado a Francia;
Rusia expulsa al príncipe Alejandro
de Bulgaria.

La Unión Ciclista Alemana
tiene quince mil socios.
Güssfeld logra por vez primera
la cumbre del Mont Blanc
por la ruta del Gran Mulet.
Los lebreles sobre las perreras de Pequín,
protectorado de Tula,
pecho típicamente manchado,
cazadores de lobos,
en muestra en Berlín, en la exposición canófila
Asmodey obtiene la medalla de oro.

Turgueniev visita todos los días
a las hermanas Viadot, en Baden Baden,
serán inolvidables,
su canción preferida, que se escucha rara vez,
"Wenn meine Grillen schwirren"
(Schubert),
a menudo leen Ekkehard de Scheffel.

Son redescubiertos:
pitecántropo,
restos primordiales,
rudimentos de Java;
se extingue
el pajarillo de Hawai
llamado "chupa miel"
por el plumaje real
con una mancha amarilla en sus alas.

Guerra a las palabras extranjeras,
luna, zéfiro, crisálida,
mil ochenta y ocho palabras del Fausto
germanizadas deben ser.
Revueltas de los empleados
por la clausura de los negocios las tardes de los domingos
votos socialdemócratas
en las elecciones de Berlín: 68 mil 535.
El barrio de Tiergarten es progresista.
Singer da su primer
discurso electoral.
Décimo tercera edición del Konversationslexikon
de Brockhaus.

Los diarios critican la escenificación
de la Potencia de las tinieblas de Tolstoi.
Una gota de veneno de Blumenthal
en vez de contar sobre un amplio consenso:
"Sobre la cabeza del conde Albrecht Vahlberg,
que goza de un posición de cuidado en la sociedad
de la capital,
se asoma una oscura nube".
Zola, Ibsen, Hauptmann resultan fastidiosos,
Salambó falla,
Liszt cosmopolita,
aparece la columna
"La palabra del lector"
que quiere saber algo
de los calambres de la pantorrilla
y sobre la expulsión de cuerpos extraños.

1886...
año de nacimiento de algunos expresionistas
entre ellos el director de orquesta Furtwängler,
del compañero de estudios Kokoschka,
del mariscal de campo von W. (†)

Multiplícase el capital
en Schneider-Creuzot, Krupp-Stahl, Putiloff.
1944

 
 

A Ernst Jünger

 

Estamos por fuera a menudo unidos,
a menudo por dentro estamos separados,
aunque compartimos el torrente, las horas,
el rostro del Ecce* , el delirio, las llagas
que llaman al siglo hacia ellas.

 
 
*Juan 19, 5.

Puede no duelo ser

 

En esa pequeña cama, casi un lecho infantil, murió la
    Droste
(véase en su museo de Meersburg),
sobre ese sofá Hölderlin en la torre de un campesino,
Rilke, George tal vez en catres de hospital suizo,
en Weimar reposaron los grandes ojos negros
de Nietzsche sobre una blanca almohada
hasta la última mirada...
todos los trastos o absolutamente nada más permanece
indefinible, insustancial,
en indolora, eterna corrupción.

Llevamos en nosotros la simiente de los dioses,
los genes de la muerte y del placer
—quién las disgregó: las palabras y las cosas;
quién los mezcló: las torturas y el lugar
donde ellos terminan, madera en arroyos de lágrimas—,
miserable morada para breves horas.

Puede no duelo ser. Lejano y distante,
hacia intangibles lágrimas y lecho,
ningún no ni sí,
nacimiento y dolor corporal y fe,
un peregrinar sin nombre, una exhalación
sobrenatural en sueños agitándose
movió el lecho y las lágrimas...
¡Reposad!