Cocaína

 

Dulcemente y anhelante el derrumbe del Yo
me das: ya está la garganta rasposa,
ya el sonido exterior es un inadvertido
complejo de la estructura de mi Yo.

¡No más espadas por la madre vagina
engendradas para trabajar los acerados
golpes ahí y allá: hundido en el brezo,
donde las colinas apenas revelan las quietas formas!

Una suavidad indiferente, algo pequeña, lisa...
y ahora surge de la respiración un soplo
que del origen viene, crispado, tiembla el cerebro
al sigiloso paso del no-ser.

Yo disperso... ¡oh, ebriedad supurante!
La fiebre sopló lejos... dulce erizarse defensivo...:
afluyes, oh, tú afluyes... dio a luz
el sanguinolento vientre deformado.