Sils-Maria

 
I

En la tarde las horas corrían,
escuchaba en la luz de la colina
sus coplas:"todas hieren,
la última mata..."

Esto se leyó hasta el final.
Pero el que piensa las horas
—sus olas, sus juegos, su esencia—
es quien las horas conduce:

a un nominador del optimismo
no lo tocan las horas,
este conocedor de sombras
bebe la luz de las Parcas.

II

No era la nieve, sino luces,
lo que de lo alto descendió;
no era la muerte, pero creían
todos la muerte cercana;
era tan blanco, ningún ruego
penetraba aquel ópalo,
descomunal: sufrimiento
sobre este valle se escribió.