Nada hay tan pesado

 

Nada hay tan pesado como el dolor:
muros de piedra, de cristal,
sitios para comer, para soñar,
¿puedes acaso soportarlo?

¿No terminará entonces todo,
y las sombras de rocas, de piedras,
y cerradas las puertas, los muros,
te encierren?

No piensas entonces en todo padecer,
toda fuerza destructiva,
como un vestido de fiesta,
como una noche de antorchas.

Ocaso, pura destrucción,
en las bancas de un jardín
—sofocante concentración—,
ocaso: presentimiento

de cualquier divorcio de fidelidad,
del íntimo Tú
asediándote, y nuevos
tormentos en ti crecen,

Ser sin reposo y sin sueño,
impostergable penuria...:
¿no piensas entonces en el dolor
como en la más alta ley?