Monólogo

 

El intestino con moco alimentado y el cerebro con
    mentiras,
¡pueblos elegidos payasos de un bufón,
entre bromas, astrología y las aves en migración
las propias inmundicias interpretan! Esclavos:
de heladas y más calientes tierras
cada vez más esclavos, llenos de bichos,
hambrientas masas con látigos golpeadas:
se infla el ego entonces, la misma piel
de lo sarnoso, ¡como las barbas del profeta!

¡Ah, de Alejandro y Olimpia vástagos
menores! ¡Guiñan al Helesponto
y cabrillean Asia! ¡Hinchados, ampollas
con vanguardia, favoritos, oculta cuadrilla
que nadie atiende! Favoritos: ¡Buenos sitios
para alianzas y juicios! ¡Si nadie atiende!
Favoritos, ufanos, cegados, chusma inmensa,
con amplias cintas aletean el sueño y el mundo:
pies deformes ven los estadios destruidos,
mofetas pisan los campos de lupinos
pues su mismo aroma los confunde:
¡Sólo es una molestia del ano! ¡Grasos,
persiguen a la gacela,
veloz como el viento, la bella bestia!
Aquí se trueca la medida:
el charco escruta el manantial, el gusano la vara,
el sapo salpica a la violeta en la boca
—¡aleluya!— y arrastra el vientre en la grava:
¡El rebaño de Padden como monumento para la historia!
La huella tolemaica como una música de peine
la rata llega como un alivio contra la peste.
El alevoso alaba el crimen. Los soplones extraen
de los salmos inmundicias.

Y esta tierra cecea con la luna,
se enmandila una fiesta de mayo en las caderas,
permite a las rosas pasar y cocina el grano
pero no al Vesubio escupir y tampoco a la nube
volverse lejía que la variedad de bestias,
con astucia, pincha y enceniza.
Ah, ese fértil juego y rosado de la tierra
se sustenta en la abundancia del Mal,
del hongo cerebral y del chorreo mentiroso del gaznate
de la antes mencionada especie que trastoca la medida.

Morir equivale a todo abandonar sin solución
y a las imágenes no fijar, y a los sueños
en la grieta de los mundos dejarlos ayunar,
pero actuar significa a la abyección servir,
al oprobio socorrer y a la soledad,
la gran solución de las visiones,
cuyos deseos ocultos insidiosos caen
por ganancias, beneficios, ascensos y fama póstuma
mientras el fin —vacilante como una mariposa
e indiferente como una granada— se acerca
y otro sentido anuncia.

Un sonido, un arco, casi una hendidura en el azul
pendió una tarde en el parque,
donde estaba yo: una canción,
un bosquejo apenas, tres notas esbozadas,
y tan lleno el espacio y cargada
la noche y el jardín de apariciones,
y creó el mundo y me reposó la nuca
en la torrencial, dolorosa,
sublime debilidad del nacimiento del Ser:
un sonido, un arco apenas: nacimiento del Ser;
un arco apenas y volvió la medida a su lugar
y todo queda incluido: la acción, los sueños...

De una corona de cerebros escarlatas,
las esparcidas flores de erráticas semillas febriles,
sólo ellos se sostienen mutuamente uno al otro:
"inflexible en el color" y “arrancado
hasta el último cabello”, "limado en frío"
se gritan, salmuera de materia prima;
¡Aquí sale la transformación! La diversidad de fieras
se pudrirá, pues para ellas la palabra putrefacción
a demasiado cielo huele: ¡se extienden
ya los buitres, los halcones ayunan ya!