Entonces...

 

Si un rostro que alguna vez de joven viste
y cuya gloria y lágrimas besaste
se inclinó hacia el primer estadio de la vejez,
el anterior encanto viviendo lo perdió.

El arco de un tiempo que cada flecha lanzó,
con plumas púrpuras yacía la caña en el azul
y el címbalo también, que cada canto tocó:
"Resplandeciente cáliz", "Prados al atardecer"

Al primer aliento ya se alía un segundo
y en su frente, ¡ay!, vela ya
la solitaria, la hora final:
en todo el amado rostro, entonces, la noche.