Réquiem

 

En cada mesa dos. Hombres y mujeres
crucificados. Cercanos, desnudos y, sin embargo, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho dividido. Los cuerpos
alumbran por última ocasión.

Cada uno llena tres cazuelas: de cerebro a testículos.
Y el templo de Dios y el establo del Diablo
ahora, pecho a pecho, en el fondo de un tonel,
riendo del Gólgota y del pecado original.

El resto a los féretros. Sólo nuevas criaturas:
pierna de hombre, pechos de niño y cabellos de mujer.
Yo vi, de dos que antaño fornicaban,
yacer allí, como si del seno materno hubieran salido.