Aquí no hay consuelo

 

Nadie estará a mi lado.
Dejad sus flores sólo marchitar.
Mi camino ondula y va solitario.

Dos manos están en una minúscula copa.
Un corazón es una diminuta colina
para descansar.

Tú, yo sólo vivo en la playa
y bajo la lluvia de flores del mar,
frente a mi corazón está Egipto,
y Asia crepuscula.

Uno de mis brazos siempre está en el fuego.
Mi sangre es cenizas. Siempre suspiro
frente a los pechos y restos
que hacia las islas tirrenas van:

un valle de blancos chopos amanece
un Iliso con prados en la costa
Edén y Adán y una tierra
de nihilismo y de música.