En los suburbios de Antioquía*


Nos sorprendimos en Antioquía
al saber los últimos hechos de Julián.
Apolo discutió con él en Dafne;
no dará el oráculo (¡como si nos importara!),
no tenía ganas de hablar de profecías
hasta que su templo en Dafne se purificara;
los muertos cercanos, dijo, lo molestaban.

Había numerosas tumbas en Dafne,
uno de los muertos allí enterrados
era el mártir Babylas, deslumbrante,
victorioso, gloria de nuestra iglesia;
era a él a quien el falso dios aludía,
a quien temía; mientras lo sintiera cerca
no se atrevía a dar su oráculo,
estaba adormecido
(estos falsos dioses temen a nuestros mártires).

El impío Julián se dobló las mangas,
y con voz nerviosa gritó:
"Desentiérrenlo, llévenselo,
saquen a Babylas de inmediato;
¿se imaginan? Apolo está molesto,
desentiérrenlo, llévenselo a donde quieran,
arrójenlo, ¿acaso estamos jugando?,
Apolo quiere su templo purificado."

Lo sacamos y llevamos con amor y honor
los sagrados restos a otro lado.
En verdad el templo mejoró notablemente,
y sin pérdida de tiempo;
el fuego lo consumió: acabó con el recinto y Apolo;
el ídolo se barrió con el resto del desperdicio.

Julián derramó su ira por todas partes;
¿qué más podía hacer?, que diga
que el fuego lo iniciamos los cristianos.
Que hable, nada se ha comprobado;
lo importante es que se indignó notablemente.

1933


* Los cristianos de Antioquía habían enterrado a su obispo Babylas ilegalmente en los jardines del templo de Dafne que se encontraba cerca de la ciudad. Julián ordenó que el cadáver fuera removido. Esa misma noche el templo fue destruido por el fuego, del cual fueron culpados los cristianos.